Puntos clave
La mayoría de las veces no es la suciedad lo que acaba estropeando una gorra, sino la forma de limpiarla: agua caliente, frotar con demasiada fuerza, retorcerla para eliminar el agua o secarla directamente sobre una fuente de calor. Evita estos cuatro errores y el proceso es mucho más sencillo: agua fría, un cepillo suave, un aclarado delicado y un poco de paciencia durante el secado.
Siguiendo estos pasos, incluso una gorra que haya acumulado toda una temporada de sudor y suciedad puede recuperar gran parte de su forma y color originales. Las gorras de '47 están hechas para llevarlas, para que adquieran carácter y su propia forma con el uso, no para quedarse guardadas por miedo a estropearlas en el lavado. Límpiala correctamente y estará lista para volver a acompañarte.